¿Sabías que no celebré mi cumpleaños con un añito?
Ese momento mis padres no sabían que hacer conmigo, pensaron que ya no podía vivir como una persona normal, y que sólo iba a tener problemas de sordera. Pero poco a poco, mis padres tuvieron que admitir que yo era sorda, y que tuvieran que seguir adelante, y eso supuso muchos sacrificios como mi madre que tuvo que dejar su trabajo por llevarme a Córdoba a una escuela de sordos que organizaba la Asociación de los sordos. Cuando tenía un año y medio, me inscribí en la asociación de los sordos que organizaba actividades como las excursiones, reuniones, ... Me dí cuenta de ese momento que las personas sordas podían llevar una vida normal, no era una enfermedad.. Además no era la única sorda que había en mi familia, tenía dos primas de Madrid que también eran sordas. Nos comunicamos con la lengua de signos, que era la lengua de los gestos.
Me obligaba a hablar, al principio me costó, pero seguí aprendiendo. Las gentes me decían que era una luchadora, que nunca me rendía y que llevaba bajo de una estrella.
¿Piensas que he tenido una infancia feliz?